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Querencias: “el invento del deseo de querer trabajar juntas”

Teatro Luis Poma - viernes, marzo 08, 2019

Entrevista con Dinora Canénguez y Laia Cañénguez. Nos ofrecen una mirada a su trabajo en las tablas y nos hablan del proceso de construcción de esta producción. 


Por Hazel Herrera/ Fotografías de Camila Ventoza 

El Teatro Luis Poma tiene el honor de presenta en su escenario Querencias, proyecto ganador de los fondos Iberescena en el 2018. Querencias, según su sinopsis oficial “es una historia de dos mujeres, de dos generaciones, de una madre y una hija, de dos actrices, dos salvadoreñas, una guerra civil y una posguerra, de lo que pasó en nuestro territorio, en nuestras familias, en nuestros cuerpos. Un cara a cara con la madre-biológica y con la madre patria, una búsqueda para encontrar respuestas a la pregunta: ¿Se puede volver del exilio?

El proyecto nace porque había una necesidad de trabajar algo en conjunto. Así fue como Dinora y Laia se inventaron este proyecto que parte de la indagación y recopilación de fragmentos desde el exilio y el retorno. Usando material autobiográfico de esos momentos y es así como construyen esta historia. 


¿Cómo nace Querencias?

Dinora: En un principio estuvimos ensayando otra obra ya escrita, pero no prosperó mucho, y esta obra no ofrecía mucho de lo que nosotras queríamos decir. Al inicio, nosotras aceptamos porque los papeles eran madre e hija, además, era una obra que yo ya había interpretado hace algunos años, pero al final no nos convenció.

Así que seguimos buscando, luego decidimos que nos gustaría que nos dirigiera una mujer. Laia se puso en contacto con Charo Francés (Directora de Malayerba Teatro) y la convenció para que nos dijera que sí. A partir de eso fue que nos empezó a preguntar ¿ustedes qué quieren decir?. Lo que le parecía importante era lo interesante de trabajar algo con madre e hija, eso ha sido el impacto, porque no es usual encontrarse con esta situación en el mundo de las artes.

Laia: Trabajamos con grupos y registros distintos, yo estuve moviéndome por muchos lugares distintos y en algún punto esperábamos que un director, o directora, que hay muy pocas en este país, nos invitara a trabajar a juntas. Entonces dijimos que no podíamos esperar. Si queremos hacer algo juntas nos tenemos que inventar un proyecto. Querencias es eso: el invento del deseo de querer trabajar juntas.

Dinora: Sí, creo que fue la osadía de Laia de decir: si queremos hacer algo nosotras, hagámoslo. En muy pocas situaciones los actores van a decirle al director: mira, queremos hacer esto, diríjanos. En este caso nosotras queríamos actuar juntas, por eso necesitábamos a alguien que nos dirigiera.

¿Entonces por qué Querencias y no el otro proyecto?

Laia: Yo he trabajado mucho en la línea del teatro biográfico. Me he ido especializando y creo que en ese encuentro de complicidad que tuvimos con Charo Francés a ella le interesaba mucho nuestra historia, concretamente, como mujeres, como salvadoreñas que habíamos tenido que exiliarnos en un momento. La mirada y la vivencia mía desde la perspectiva de una niña.  La mirada de mi madre como una mujer adulta que además es madre y actriz. Comenzamos haciendo ejercicios de escritura.  A partir de esa escritura fue que en algún momento Charo propuso que yo escribiera la obra.

¿Ya antes habías escrito?

Laia: He escrito obras a partir de procesos hechos en grupo, pero decir que me voy a sentar y a escribir una obra mía, es la primera vez que lo hago. Charo tuvo la osadía de proponerlo y tenía un AS bajo la manga, que era Arístides Vargas. Él me asesoró, trabajo conmigo y con semejante maestro yo les dije: adonde ustedes digan, yo me lanzo y a ver que tal. Así surgió Querencias y no la otra obra.

¿Con Querencias sí hubo conexión?

Dinora: Claro, es que es a partir de una historia nuestra, que es real.

Laia: La obra fue escrita luego de dos semanas de trabajo intensivo, improvisación, mucha plática, mucho trabajo de recuerdo y de compartir. A partir de esto, y un trabajo escénico a nivel de improvisación fue, que yo ya me quedé trabajando el texto.

¿Y el proceso de escritura?

 Laia: Creo que en algunos momentos crear la segunda voz, porque yo tenía muchas cosas escritas como si fuera un monólogo.  Me ayudó muchísimo los ejercicios de Arístides, para ver cuál podría ser otra perspectiva, para ir engarzando esas voces. También el ir construyendo la dramaturgia, el hilo, la verdad es que se fue haciendo de forma cronológica.

Dinora: Nosotras lo empezamos a trabajar desde antes. Yo hice un viaje a España y luego a Alemania, nos juntamos allá, pero eso sirvió mucho porque era la primera vez, en muchos años, que estábamos solas, no con toda la familia. Durante este tiempo tuvimos mucho espacio para hablar y fueron saliendo muchos temas.

Laia: Además fuimos a la ciudad de alemana Bonn, en donde estuvimos viviendo durante el exilio, volví a ver los espacios, el kínder y el colegio. Mi mamá me iba explicando cosas que yo recordaba, otras que no recordaba y había cosas que las recordaba de forma distinta. Fue volver a tener ese contacto y compartirlo. La riqueza fue conocer la visión de mi madre y su vivencia como mujer, porque dentro del egoísmo, cuando estamos en el rol de la hija, tu madre solo es tu madre.  Solamente ves la parte de cómo reacciona hacia vos, es bien egoísta y es difícil ver el ser humano entero y en sus propios miedos, con sus propias frustraciones y con todas las demás facetas. Ella, como hija de otra madre. Entonces, un montón de cosas que para el proceso de escritura y para el proceso de crear la obra fueron súper importantes.



¿Cómo fue la dinámica entre madre e hija para montar la pieza?

Dinora: Laia, dentro de su dinámica, ha trabajado procesos colectivos. En cambio, yo siempre he tenido alguien que me dirige. No partir de un texto y sin un director era difícil. Eran varios retos, porque hacerlo en bloques, algo a lo que no estaba acostumbrada.Tenía mucho miedo, por no saber si iba a salir o no, por todo lo que implicaba. Fue un reto porque Laia estaba en Alemania, la directora estaba en Ecuador y yo aquí. 

Laia: Ensayamos en diferentes lugares, lo que implicaba que conviviéramos las 24 horas al día. En broma, yo decía que nunca había estado tan cerca de mi mamá desde que estaba en el útero de ella, porque nunca habíamos compartido tanto.

Esto permitió conocernos en otro contexto y fue muy profesional. No fue un proceso terapéutico, pedagógico, adónde vamos a llorar. Claro, como en cualquier proceso hay momentos en donde te detestas, hay momentos geniales en donde te reís como loca y hay momentos de mucha complicidad. Hemos tenido una gran conexión de complicidad, hemos creado un proyecto nuestro y tuvimos la vivencia de traerlo a El Salvador.  Charo no nos pudo acompañar y eso fue un gran reto, porque al trabajar un material biográfico hay mucha sensación de vulnerarse, de mostrarse, y eso ante un público que te conoce, sin tener una directora que decís que al menos te contiene.  Pero creo que fue genial hacerlo juntas.

¿Cómo ha recibido el público esta pieza?

Laia: Las presentaciones estuvieron muy llenas, con gente muy cercana. Recibimos mucho cariño y mucha respuesta positiva. Principalmente, por la honestidad, que nos dice la gente, del trabajo. El teatro biográfico implica que  en el escenario te vulneras y haces esa apertura. Por mucho que la gente no esté de acuerdo, o no sea su forma de pensar, es muy difícil que vaya a reaccionar cerrándose, porque de alguna forma es la cuestión humana, como si estuvieras tocando otras teclas. Yo siento que esa es una de las cosas mágicas que tiene el teatro.

 Dinora: Es interesante el fenómeno, porque hay gente que se la repitió como 4 o 5 veces, porque quería ir con su mamá, con su abuela en plan familiar y en plan vamos a ver algo juntas. Eso fue bonito.

¿Por qué hablar sobre este tipo de temas?

Laia: Porque tenemos que hablar sobre el conflicto armado y la polarización para que podamos superarlo.  Tenemos que empezar a escuchar la voz de quienes no hemos escuchado, de las mujeres, las personas invisibles que no fueron figuras políticas. Tenemos que comenzar a quitarle romanticismo y cuestionar los lugares sagrados que cada uno ha construido en relación a ese pasado y quitar esa idea porque en un conflicto se crean blancos y negros.  Ya va siendo hora que veamos que todos son escalas de grises. Nadie es héroe, nadie es víctima solamente.  Fue una situación muy traumática como país, como sociedad, como familia y fue donde se crearon muchos tabúes que, por la represión en la que se vivía, no se podía hablar de ellos, porque era peligroso o muy doloroso y no nos podemos quedar ahí.

Dinora: Es un tema que se toca muy por encimita, solo como un hecho histórico y datos de muertos. Esto no le dice nada a un joven. No le dice lo suficiente para entender a su familia, su entorno y su país. Por eso es necesario que ellos lo vivan de forma diferente. Desde el arte que permite crear sensaciones y transmitirlo a través de lo sensorial, no solamente desde lo intelectual. 


¿Por qué presentarlo desde la perspectiva femenina?

Dinora: Primeramente, porque somos mujeres, entonces no  lo decimos solo por boca nuestra, sino por lo que vivieron otras mujeres. No solo yo fui una madre exiliada, hubo muchas más, hablamos no solo por nosotras, sino por otras mujeres.

Laia: Es importante hablar como sujetas históricas. Porque son vivencias, son emociones, son recuerdos, son ideas y son posturas políticas. Hay un cuestionamiento del para qué sirvió esto, dar a conocer cuál es mi relación con este país, con esta historia.  Creo que todo el mundo, como sujetas, es importante que tengamos ese dialogo con nosotras mismas y conocer cuál es mi papel y como veo las cosas. Siempre teniendo en cuenta de dónde venimos, cómo me posiciono y por qué. Desde el hecho de pararse en el escenario, es igual a como me paro en la vida.

La vida no es un: hay ni modo, me tocó, sino que es un conocer por qué lo estás haciendo y qué querés aportar. Cuáles son tus decisiones en la vida.  Conocer cuáles decisiones no has tomado y que han tomado por vos, qué ha pasado con eso y no te quedás solo en eso. Creo que es salir del rol de víctimas y tomar responsabilidades.

¿Qué pueden decir de Querencias a un público que no ha tenido un acercamiento previo a la obra?

Dinora: Es el encuentro y de alguna forma un descubrimiento de una madre y una hija y de un suceso que hemos vivido jutas, pero lo vimos de formas diferentes, para poder encontrarse y hablar desde dos miradas diferentes.

Laia: Para decirlo más concreto, es una hija que se va del país, que se despide de su madre porque se va del país, y en el momento de esa despedida hay un recuerdo a cuando se tuvieron que ir antes y cómo fue esa ida y ese regreso a ese país. En ese recuerdo es que la hija va anclando por qué ella se vuelve a ir. Pero, realmente, es el momento de una despedida de una hija a una madre porque la hija se va. Se ríe y se llora, hay momentos de humor trabajados desde la comedia y momentos muy dramáticos trabajados desde el dramatismo.

Ficha técnica
Autora: Laia R. Cañénguez
Dirección: Charo Francés
Asesor dramatúrgico: Arístides Vargas
Actúan: Dinora Cañénguez y Laia R. Cañénguez
Vestuario: Gabriela Centeno
Arte Gráfico: Taty Juárez
Fotografías: Donna de Cesare y Giuseppe Dezza
Música: Alvar Castillo
Dibujos: Roberto Huezo
Comunicaciones: Lorena Saavedra
Fotografías de afiche: Ricardo Barahona
Diseño de iluminación: Gerson Guerra
Querencias fue ganadora de fondos IBERESCENA 2018
IBERESCENA es un Programa de Cooperación Iberoamericana para las Artes Escénicas. Está integrado por 14 países.  Estos países realizan una aportación anual de recursos, para constituir un fondo económico concursable, abierto a profesionales de las artes escénicas que residen en los países miembros del programa. *

Tomado de: http://www.iberescena.org/institucional/que-es-iberescena



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