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Los tres mosqueteros (mis apuntes sobre ARTE)

Teatro Luis Poma - viernes, marzo 10, 2017

Por Alejandro Córdova

“ARTE” de Yasmina Reza estrenó en 1994 en el Teatro de los Campos Elíseos en París, Francia. Desde entonces, la obra ha sido representada en Londres, Nueva York, Roma, Madrid y Buenos Aires. En la mayoría de grandes teatros, fueron grandísimos actores quienes interpretaron a los tres personajes de esta pieza. Este año abrió la temporada en el Teatro Luis Poma de San Salvador con un elenco muy joven: joven en tablas, en edad o en escuela. 

Ilustración de Kesia Muñoz

Algo que Roberto Salomón hace muy bien es elegir. Ha dirigido más de 70 espectáculos y la mayoría han tenido mucho de eso: una buena elección de texto y elenco. Roberto selecciona una obra de teatro, la imagina representada por un elenco muy específico y el resto sucede como magia. Eso es, en parte, el mayor acierto de su reciente estreno “Arte” de Yasmina Reza. Una excelente elección de texto a la medida de un elenco muy hábil, pero muy joven. 

El elenco de “ARTE” es un hecho inusitado. Tres actores jóvenes ofrecen en escena todo lo que tienen con destreza y honestidad. Tres hombres que decidieron hacer del teatro su modo de supervivencia y lo hicieron, por cierto, de maneras muy distintas. Esta unión, esta reacción química que acontece al juntarlos en este preciso momento de sus carreras, es un excelente termómetro para evaluar la salud del teatro salvadoreño. Pero, ¿qué define la juventud de un actor? ¿Es la edad, la experiencia en escena, la (ausencia de) educación formal o todas las anteriores? ¿Cuándo deja de ser “prometedor” un actor y cruza ese umbral imaginario?

Carlos Córdova interpretando a Sergio en la comedia "ARTE". Fotografía de René Figueroa.

Carlos Córdova, por ejemplo, es el mayor del elenco, pero el de menor repertorio profesional. Debutó en el 2011 en el Teatro Luis Poma con la obra “Clóset”, una versión libre de “A puerta cerrada” de Jean Paul Sartre bajo la dirección de César Pineda. En los últimos años ha participado en “Las criadas” de Jean Genet y “Sueño de robot” de Isaac Asimov con el colectivo Deus Ex Machine. 

Carlos decidió hacer teatro después de conocer todos los excesos que esta sociedad padece. Confiesa que siempre se sintió atraído por las artes y que hubo momentos en su infancia en los que casi tuerce su destino hacia la plástica. No fue sino hasta después de sus veinticinco años que optó por el diplomado de teatro del Centro Nacional de Artes y se graduó en la segunda promoción, en el 2009. 

Carlos es un ser puro. En su mirada se esconde todo el misterio del mundo. Ha dedicado los últimos años a impartir talleres de arte en zonas atormentadas por la violencia y la exclusión como un predicador cristiano lo haría. Su biblia es el teatro. Su padre fue desaparecido por las fuerzas estatales en 1983. Sigue desaparecido.

En el espectáculo, Carlos Córdova parece amar a su personaje, comprenderlo profundamente. Le ha regalado una templanza desconcertante. Córdova nunca vacila en el escenario, siempre se mueve como flotando. Sergio, su personaje, le queda a la medida no por similitud, sino por la enorme empatía que Carlos posee. Es, entre los tres actores, el que más padece problemas de dicción. Por lo tanto, de pronto su voz suena distinta, más inverosímil o musicalmente menos diversa. Sin embargo, no es algo que destruya su interpretación, sino al contrario, potencia rasgos de su personaje: un comprador de arte obsesionado con un cuadro insignificante.

Fernando Rodríguez, Carlos Córdova y Pechan Osorio en camerinos. Fotografía de René Figueroa. 

Es la primera vez en la historia del Teatro Luis Poma que Fernando Rodríguez es el más experimentado de su elenco, a pesar de que su carrera como actor profesional supera los diez años. Roberto Salomón lo pescó en el 2004 y, desde entonces, Rodríguez compartió tablas con grandes nombres del teatro salvadoreño y fue, siempre, el menos experimentado. Esta vez es distinto, es el actor con más repertorio de los tres, con más de diez producciones de mediano y gran formato.

Fernando es un actor muy diestro, propositivo e histriónico por naturaleza. Ha conseguido su dosis de atención en la mayoría de producciones del Teatro Luis Poma en las que ha participado. Destacan, por ejemplo, su interpretación en la comedia “El Avaro” bajo la dirección de Enrique Valencia y otra en el drama “Natán, el sabio” bajo la dirección de Roberto Salomón y Eric Bass de Sandglass Theater (EEUU), donde también manipula títeres para adultos. 

En este espectáculo, Fernando consolida su versatilidad y demuestra con gracia que es capaz de interpretar a personajes distantes de sí mismo, de su zona de confort. Marcos, su personaje, es el motor del conflicto, mas no el motor de la comedia. Es, más bien, un ayudante. Su personaje está poblado de manías, es colérico y desesperado. Fernando también le regala a su personaje una transformación física interesante y esa búsqueda lo coloca como un actor cada vez más consciente de su oficio. 

Fernando ha dejado en claro su vocación como comediante. Su movimiento de Stand up comedy “Comedia ES” lo ha vuelto, además, un excelente gestor cultural. Desde hace tres años organiza un Festival Centroamericano de Comedia, donde conecta a fuertes representantes del Stand up comedy y la improvisación teatral de las cinco comarcas centroamericanas. Además, Fernando es padre de una niña a la que llama Princesa Colochos. 

Pechan Osorio en su personaje "Iván". Fotografía de René Figueroa.

Sin embargo, el acierto más valioso del espectáculo es Pechan Osorio, que ha demostrado una vez más ser un actor altamente intuitivo. En un país sin escuelas de teatro formales, sin industrias culturales consistentes, el joven actor consigue un lugar entre los más prometedores por su elasticidad y su olfato en escena. Lo que hace a Pechan un buen actor es su capacidad de imaginar como un niño. Pechan si algo no sabe, se lo inventa. Es como un niño que dirige el juego de roles en grupo.

Además, Pechan es un actor que ha obtenido gran parte de su experiencia como animador de fiestas y eventos, algunos de muy gran formato. Pechan es miembro fundador de Circus Contemporaneum, un colectivo que ofrece personajes de fantasía para eventos sociales y comerciales al lado de innovadoras propuestas de gestión cultural como el Festival "Nómada". Es egresado en Comunicación Social de la UCA, donde pasó toda su carrera metido en el teatro universitario, en danza, en todo. Su nombre es Mauricio, pero todo el mundo le dice Pechan, por una caricatura de un cerdito negro. 

El viernes pasado el público aplaudió a la mitad de su segundo monólogo, aplaudió así como lo hace cuando una balletista ejecuta una pirueta sorprendente. Un monólogo muy preciso, entre la conmiseración y el humor moderno. A final de la función, la gente se fue a casa pensando en Iván, ese perdedor tan profundo que les hizo reír y olvidarse del mundo horrible de todos los días. Eso no es magia, eso es arte.

Fernando, Carlos y Pechan saludan al público junto al director de la pieza, Roberto Salomón


Comentarios
Ricardo Iglesias commented on 27-Mar-2017 02:51 PM
Excelente propuesta muy real e imaginativa a la vez; la amistad y sus conflictos puestos en escena. Me fascinó.

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