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La Bocha Teatro: entre la diversión y el cinismo

Teatro Luis Poma - miércoles, septiembre 21, 2016

Entrevista hecha por Alejandro Córdova  Fotografías de René Figueroa

Óscar Guardado y Dinora Alfaro platicando.

***

Siempre quise escribir sobre La Bocha Teatro, pero no sabía cómo. Ellos mismos me dieron la idea cuando sacaron una iniciativa llamada “En la casa de”, donde los actores entraban a las casas de artistas salvadoreños destacados para conocer su versión más cotidiana, íntima y entrañable. Yo quise entrar a la casa de La Bocha, pero ¿a cuál? Dinora Alfaro tenía la suya, Óscar Guardado también. Incluso podía pensar en la casa de Cuevas, el técnico teatral que luce siempre rastafari. Pero decidí entrar a una que tienen en común: la casa de La Bocha Teatro es el Teatro Luis Poma.

La Bocha Teatro nació en 2003 y ha producido diez espectáculos, algunos cuentan más de cien presentaciones a nivel nacional e internacional, como “La Fiesta” de Spiro Simone, dirigida por el Premio Nacional de Cultura Roberto Salomón, que cerrará este año con 164 funciones. De hecho, La Bocha Teatro es la compañía de teatro independiente con más número de funciones dentro de las temporadas del Teatro Luis Poma desde su fundación, la primer compañía teatral salvadoreña que hizo tour por los siete países de Centroamérica (desde Belice hasta Panamá) financiada solamente por los bolsillos de sus integrantes.

Decir “¿y si hacemos una compañía de teatro?” no es una buena idea para hacer dinero. Más bien es todo lo contrario. Crear una compañía de teatro en El Salvador solicita de los artistas grandes sacrificios: algunos renuncian para siempre a tener trabajos remunerados en oficinas o empresas y deciden entregar todo su tiempo al teatro, otros entregan dinero de sus propios bolsillos por mucho tiempo hasta conseguir sostenibilidad. Se necesita un lugar de ensayo permanente, una suma de esfuerzos creativos significativos, recursos, dinero. Muchas compañías han resistido solamente un par de años. Algunas, incluso, meses. Pero La Bocha Teatro lleva trece años haciendo obras. La infancia de la compañía fue difícil, pero gratificante. ¿Qué les espera en la adolescencia?

Esta es una entrevista que hice en medio de la escenografía de “La Fiesta”, presentándose en el Teatro Luis Poma en septiembre del 2016. Platicar con Óscar y Dinora siempre me ha resultado una mezcla entre diversión y cinismo. Ellos son dos profesionales del teatro con un ácido sentido del humor y un nivel de compromiso admirable. Te ofrecen risas, pero no pierden la oportunidad de afilar el cuchillo de la reflexión sobre el lado más ruin del ser humano, sobre el rostro más violento y miserable de este país. 


La partida de nacimiento

La Bocha Teatro nace algún día de agosto del 2003 cuando Jennifer Valiente, Jaime Ruano y Óscar Guardado deciden abandonar el proyecto Teatrio, dirigido por el fundador de La Galera Teatro René Lovo, para crear sus propios espectáculos con la técnica clown que aprendieron con la compañía colombiana Piedra Rodante. El primer montaje fue una co-producción con Regina Cañas, la presentadora de televisión y, además, la actriz con mayor número de presentaciones en el Teatro Luis Poma.

"Ella nos hizo el favor de arroparnos. No pusimos nada de plata. Pusimos la base actoral. Era un texto de Ricardo Lindo. Los títeres los hizo el maestro Óscar "Zompopo". Se anunció por radio y televisión gracias a ella", explicó Óscar. 

En el 2004 hicieron una segunda co-producción con El Círculo, un proyecto de la directora Tatiana de la Ossa, quien recomendó a Dinora Alfaro como actriz. Al grupo se unió también Juan García como técnico de luces y sonido, que venía de Teatro de la Calle con Rafael Mendoza.  "A todos nos gustó mucho el trabajo de Juan y Dinora. Les ofrecimos a Dinora quedarse en la Bocha. Éramos Jaime, Jenifer, Boris, Dinora, Juan y yo. Hemos tenido que aguantarnos desde entonces", explicó Óscar. 

Dinora mencionó algunas dificultades que tuvieron en sus primeros procesos. "La producción de ese año costó muchísimo dinero para nuestra condición económica, para la realidad del mundo del teatro, para nuestra juventud e inexperiencia. Tuvimos que sacar un préstamo que tardamos mucho tiempo en pagar", dijo.

"Nacimos pensando que todo se debía pagar. No usamos la colaboración nunca. Creemos que siempre se debe pagar por las fotografías, por el diseño, la música, absolutamente todo. Nosotros creemos que fuimos el primer espectáculo teatral que usó multimedia en El Salvador. Proyectábamos en vivo con el trabajo de Rodolfo Omeani. Había audio, vídeo, fotografía. Era 2004", afirmó Óscar. 

Dinora Alfaro salió de la Escuela "Arte del actor" de Filander Funes, un proyecto reconocido como uno de los principales espacios de formación sistemática de actores y actrices existido en El Salvador desde la posguerra, luego se integró a El Círculo, de Tatiana de la Ossa, con quien montó “Vida de perros”. "Me encantó la manera de trabajar de Tatiana, aprendí mucho de producción. Sentí que ella se convirtió en mi maestra. La apoyaba en las producciones que hacía", explicó Dinora. Con Tatiana de la Ossa, La Bocha montó "La otra estación", basada en una selección de cuentos de Anton Chejov. 

Óscar Guardado se formó en el taller teórico-práctico “Un actor se prepara” del dominicano Jorge Santiago, una idea muy parecida a la de Filander Funes. Antes, desde muy joven, trabajó en la compañía Teatro de El Salvador de Margarita Escalante, donde hacían algo que Dinora llama “mal teatro” y Óscar llama “teatro irresponsable”. Por suerte, Guardado fue recluido por Jorge Santiago. De todos los que se graduaron de la escuela del dominicano, solamente él continúa haciendo teatro. Los demás desistieron en el camino. Algunos, como Jaime Ruano, muy cercanos a Óscar hasta hace algunos años. Le pregunto a Óscar qué diría la partida de nacimiento de La Bocha Teatro. Me contesta, entre risas, que la compañía sería hija de padres separados y su padre sería un alcohólico.


¿Cómo fue creándose la forma de hacer teatro de La Bocha Teatro?


Óscar: Yo soy de Soyapango. En aquellos años no había expresiones artísticas en Soyapango. A mí me convenció mi hermana, después de una etapa turbulenta en mi vida, de ir a la Universidad de El Salvador para hacer teatro, porque como yo era chistoso…

Cuando llego a Teatro de El Salvador, yo no sabía nada de teatro. Yo conocí a Shakespeare, a Lorca, así como los montábamos para escuelas, con churritos Diana en el banquete. No tenía referencias de libros, nunca tuve la vena artística. Solamente era chistoso. Cuando Jorge Santiago me enseñó la escuela y me mostró Stanislavski y vimos la investigación del actor, comencé a tener referencias, a conocer otros grupos de teatro del país, Jorge Alberto Jiménez y don Paco Campos me dio historia del teatro en El Salvador. René Lovo me hizo conocer mucha gente, él es un gran teórico, por él conocí montón de gente gruesa del teatro. 

Dinora: Luego nos encontramos en escena. Nos caímos muy bien. A mí me llamó mucho la atención trabajar con ellos, porque yo venía de una escuela donde el teatro es puro drama, tragedia. Eso era lo que valía. Cuando entré a trabajar con De la Ossa, conocí la comedia y descubrí mi parte cómica que no había explorado. Yo no me sabía divertida, no sabía que la comedia también valía. Esa parte de mí me sorprendió. Para mí el clown era una herramienta, pero nunca me planteé hacer algo cómico. 

Y así fuimos descubriendo el humor negro, pero tampoco decimos que hasta allí. Por ahora la Bocha Teatro se identifica con el humor negro, pero quizá después no. Nos podemos meter en otros ríos. Fuimos encontrando nuevas cosas. Yo con La Bocha encontré compañeros. Me encantó no tener director fijo y me sigue gustando, porque nosotros nos planteamos a dónde queremos ir como actores, sin un director que nos marcara el paso.

¿Cómo se vuelven ustedes dos los únicos actores?




Óscar: Matamos a nuestros compañeros.
Dinora: Hicimos un plan maquiavélico. Risas.

En el camino, el río fue dando vueltas, te vas encontrando con piedras en el camino, te gusta lo que vas viendo o no te gusta y creo que, de pronto, alguien define que no es lo que quiere hacer. Hubo un momento en el que nos encontramos con algunos que querían hacer máscaras y títeres, otros coincidíamos más en el clown y el humor negro, en la actuación. Así fue esa búsqueda artística, que terminó haciendo brechas. Fue una parte bonita la de estar acompañados. 

Óscar: En trece años hemos tenido crisis profundas en las que algunos se han ido. Juan García fue una pérdida dolorosa para el grupo. Juan era, además, amigo. Hemos perdido gente. Jaime Ruano fue, para mí, una pérdida muy dolorosa también. Nunca había estado en el escenario sin Jaime. Toda mi vida de actor la había hecho con Jaime y fue duro. Pero él decidió experimentar y hacer otras cosas. 

Pero hemos sobrevivido, somos de esos grupos que nacen y crecen fuertes. De los pocos de la posguerra que seguimos después de tanto, de los que nos dedicamos a girar por Centroamérica. Teníamos claro que queríamos disfrutar la vida en el teatro, eso pasaba por viajar y conseguimos mucha y muy buena proyección en Centroamérica. Es fácil movernos tres personas, es práctico, porque no tenemos director fijo, nuestras obras caben en una maleta. 

¿Esto fue siempre así? ¿En qué momento comenzaron a surgir estos rasgos que ahora parecen fijos de su compañía teatral?


Dinora: No, quizá los cambios de ese tipo comenzaron a aparecer cuando nos quedamos trabajando solamente con Juan García. Empezamos a hacer obras de dos personajes, a aligerar nuestras cargas. Teníamos el sueño de viajar desde nuestra segunda producción, pero era muy difícil, necesitábamos un microbús. Teníamos que pagar una deuda. 

Óscar: La pagamos. Toda.

Dinora: Además, nosotros teníamos claro que queríamos espectáculos sostenidos a través de la actuación y no de toda la parafernalia del teatro. Siempre hablamos de los directores para establecer que los espectáculos se puedan mover. Aprendimos a negociar.

Óscar: Nosotros somos un grupo que también ha sabido atender las necesidades del momento. Hemos pasado por fuertes crisis económicas, políticas, emocionales. A lo que me refiero es que nosotros somos un grupo que se nutre de lo que pasa en el país. Me acuerdo que en clases de teatro me hablaron de Brecht, del teatro pobre, me dijeron que montar Brecht era cámara negra, donde solo el actor puede defender el trabajo. Era una técnica extraordinaria, montar sin más que el cuerpo, con ropa negra, sin maquillaje ni artificios. Pero muchos comenzaron a justificar su mediocridad escénica con Brecht. 

Nosotros teníamos discusiones con nuestros compañeros. Claro que el trabajo teatral lo sostiene el actor, pero hay producciones lindísimas, poéticas. Fernando Umaña nos hizo una producción lírica con “Petición de mano” de Chejov, la escenografía y utilería tenían una gran fuerza. Es que no puede ser que todo el teatro que se haga deba parecer teatro pobre. La gente del medio teatral decía que si tenías escenografía, ya no era teatro puro, era burgués, eras anti-revolucionario. Las producciones del Teatro Luis Poma con escenografía pesada, cárceles, oficinas en el escenario, eso también es teatro. 

La Bocha Teatro nunca ha tenido una forma de hacer teatro. Nosotros nos divertimos haciendo teatro, estamos convencidos de decir lo que estamos haciendo y a partir de eso, sale lo que sale, con la simbiosis, con el acuerdo entre el director, actores y técnico. Nunca hemos pensado en una sola línea. Hay coincidencias como la trilogía de pareja, que fue porque…

Dinora: Porque ya estaban los espectáculos. No iniciamos con la intención de hacer una trilogía de pareja, se fue dando en el camino. Fueron inversiones, y lo primero que está en nuestra mente es recuperar lo invertido, colocar el espectáculo en más de una temporada para poder percibir ganancias. Así, de pronto, parece que hay una evolución en una trilogía de obras de humor negro sobre parejas. 

Yo creo que determinarnos una línea, definirnos y encajonarnos no es lo que buscamos. Es bonito que la gente, de pronto, identifique tu trabajo y digan “el humor negro de La Bocha”, pero ojalá también el público esté dispuesto a cambiar con nosotros si es necesario. 


¿Hay algún parteaguas? ¿Algún momento en el que descubren la institucionalidad de La Bocha o dan ese paso a la profesionalización del oficio? 


Óscar: Fijate que nosotros fuimos bien serios desde el principio. Yo trato de descubrir en nuestra historia, trato de recordar, y pienso que fuimos de los primeros grupos de teatro que viajaron hasta Belice interesados en la integración centroamericana real, siempre con una visión política. Luego otras compañías como Los del quinto piso fueron a Belice también. Quiero decirte con esto que siempre tuvimos intenciones serias. Nosotros hacíamos camisas de La Bocha y las vendíamos para tener fondos. Siempre fuimos muy organizados. 

Nunca pensamos que el juego era por joder. Estábamos jugando, pero nos identificábamos con una institución que se llama La Bocha Teatro. 

Dinora: Cuando nosotros decimos que pagamos por cada cosa es porque nunca pedimos de favor. Somos profesionales. Queremos hacer nuestros espectáculos lo más profesional posible. El reconocimiento también pasa por el dinero, reconocer que tu trabajo vale. 

Óscar: Nosotros nunca hemos pedido nada regalado. Nuestro logo lo diseñó Rossemberg Rivas cuando iniciaba, cuando estábamos jóvenes y no teníamos idea. Pero le pagamos y eso fue profesional, dignificaba. 

Dinora: Decimos cuánto me vas a cobrar, platiquemos y conocé cuál es nuestro espíritu y así trabajamos. No necesariamente hemos pagado todo en efectivo, pero sí hemos devuelto con presentaciones, con talleres. Pagamos, porque pensamos que allí está el profesionalismo del artista también. 

Óscar: Nosotros nos hemos peleado y hemos estado de acuerdo con varios gobiernos, de cual lado sea, para hacer proyectos en conjunto en un lugar honesto. Estamos muy conscientes y tenemos la consciencia tranquila, la solvencia moral. Hemos tratado de que todos nuestros tratos sean claros. Así es como hemos trabajado con tanta gente con trayectoria mucho mayor a la de nosotros.

Dinora: También es por las escuelas de las que venimos. El planteamiento de nuestros maestros no fue preparar niños que quieren jugar a hacer teatro. Estaban preparando actores y actrices. No jugábamos. Queríamos y queremos vivir de esto. Hacer una propuesta para el país. Nosotros trabajamos el día entero, entrenamiento, montaje, talleres, clases, presentaciones. Por mucho tiempo trabajamos así, viviendo directamente del teatro y de lo que conseguíamos como La Bocha. Cada uno de nosotros dejó cosas para ser actor o actriz. Creo que el profesionalismo está.


Óscar: Nunca tuve la sensación de estar haciendo teatro por joder. 

Dinora: O hacerlo a medias porque ni modo. Siempre hicimos lo mejor según nuestras posibilidades y a través de nuestro talento y entrega en el escenario.

Óscar: Roberto Salomón creyó en nosotros no por buena persona. Él es una excelente persona, pero Roberto no apuesta en el vacío. Roberto apuesta a que las cosas van a salir bien. Para nosotros fue muy significativo que Roberto, con toda la historia que carga en sus hombros, quisiera hacer un proyecto con nosotros.

¿Por qué creen que el Teatro Luis Poma los ha visto crecer tan de cerca? Ustedes son la compañía de teatro independiente con más funciones en temporadas desde la fundación del Poma. ¿Por qué?


Dinora: Nunca hemos faltado a ninguna temporada del Teatro Luis Poma desde su fundación, ya sea como compañía o como actores. Nos da la sensación de que hemos crecido juntos. Para nosotros el Teatro Luis Poma ha sido un gran aliado, un gran socio. Nuestros espectáculos estrenan regularmente en el Poma y tiene que ver con muchas cosas.

Hay una postura política también. Hace ratos que nosotros no tenemos espectáculos en el Teatro Nacional de San Salvador y es porque no estamos de acuerdo en cómo se maneja, en lo que te ofrece el Estado. Cuando hubo una gran iniciativa por retomar el Teatro Nacional y que todas las compañías independientes nos metimos a ver qué hacíamos, pero muy poco recibimos del Teatro Nacional. Llevábamos nuestras producciones, arriesgábamos, pagábamos todo lo que había que pagar y había tres personas en el público. Hubo políticas con las que no estábamos de acuerdo. Eso nos hizo determinar que no nos interesaba presentarnos allí. 

En contraparte, encontramos un espacio en el que podemos presentar nuestras ideas. En el que creemos que recuperamos la inversión, porque obviamente necesitamos recuperar costos. Desde la primera vez que trabajamos con el teatro sentimos eso. Comenzamos a trabajar juntos para “Pinocho”. Lo fundamental ha sido el respeto. Acá me siento respetada y valorada como artista, con las cosas claras y eso está muy bien. Los tratos económicos y personales son claros y respetados. 

Así surgió la confianza. Esas cosas se ganan mutuamente. No creemos que el Teatro Luis Poma apueste al vacío, como dijo Óscar. Creo que demostramos cierta garantía en nuestros espectáculos en cuanto, al menos, una propuesta artística. 

Óscar: Nosotros producimos espectáculos. Las compañías que producen espectáculos están aquí: Los del Quinto Piso, Moby Dick, colectivos permanentes en el tiempo. Si vos producís bien, tenés el chance de estar aquí. Es una relación de ganar-ganar. Hemos tenido grandes discusiones artísticas con Roberto Salomón, pero desde un lugar con mucho respeto. A mí me importa muy poco que haya gente del gremio que nos llame “chicos Poma”. Yo soy actor y tengo una compañía de teatro. Hacemos teatro. Venimos aquí a trabajar y mientras no cambien las condiciones en el resto de espacios para presentarnos en El Salvador, no nos vamos a presentar en otro lado. 

Hay gente que dice que si te presentás en el Poma ya no sos teatro independiente. A nosotros nadie nos da plata, nadie. El Poma no nos da plata para producir nuestros espectáculos. Hemos perdido dinero haciendo obras y giras. Más independientes que no nos manda ni Dios. La cuestión es que la gente dice que estamos abrazados por el Poma. El Poma nos abraza porque trabajamos. Esa es la verdad.


¿Sienten que el Poma es su casa?


Ambos: Por supuesto.

Dinora: Roberto jamás nos ha prometido estar todos los años. Nos lo hemos ganado. Hemos propuesto. Hemos pensado en formas de hacer cosas nuevas para volver a estar en temporada. Esa es la relación que existe.

¿Alguna tragedia divertida que han sufrido estando en el escenario?


Dinora: Me he destruido la uña del pie dos veces en el escenario, en medio de la obra. La primera vez fue en el estreno de “Los rieles”, una co-producción con Acento Escénica. Empezábamos corriendo de un lado a otro y me tropecé con una de las pesas que sostienen el telón. Mi uña se partió por mitad y quedó trabada. Empecé a sangrar. Agarré un trapo y me la enrollé y seguí la presentación. Al día siguiente me la quitaron, estaba inflamado, ya no pude hacer un personaje.

Eso fue un proceso de rehabilitación de mi uña doloroso y costoso. Mil ochocientos setenta dólares me costó mi uña. En Panamá tuve otro accidente en “La fiesta” y un hilito del trapeador se trabó en mi uña y me la destruí en medio del espectáculo, otra vez las lágrimas y tragar grueso y seguir.

¿Un color?

Ambos: Negro y naranja. 

Dinora: Los colores de La Bocha, están en el logo. Nuestro logo tiene una nariz de payaso, una estrella porque usábamos siempre All Stars. El negro es el lado oscuro del humor y en medio hay un punto naranja, que es la diversión, pero matizada. No es un amarillo fulgurante del sol, es un matiz entre el rojo y el amarillo.


Si La Bocha es su hijo y tiene trece años actualmente, ¿se está portando bien o se está portando mal?

Dinora: Es un adolescente con crisis de identidad. Quiere hacer muchas cosas pero tiene poco tiempo para hacerlas. 

Óscar: Adolece. Tampoco tiene muchas ganas para hacer ciertas cosas. 

Dinora: Pero también vive un año muy bonito, porque adolecer significa quejarte, golpearte contra la mesa, sentir dolor, también después hay reflexión. ¿Qué ondas? ¿Qué vamos hacer? ¿Qué sigue? ¿A qué realmente le vamos a apostar?

Óscar: Esta crisis dará dos resultados escénicos. Uno de esos es lo que Dinora está produciendo para el Encuentro Nacional de Teatro 2016 con la Secretaría de Cultura. Se llama “Lo que crece en mi jardín” y es de autoría de Dinora. Esto nació en esta crisis. Lo segundo es un proyecto centroamericano en el que estamos metido. Además, hay otra co-producción con otro grupo de teatro. Todo en medio de esta crisis. 

Yo creo que vamos a salir fortalecidos de esta crisis. Tampoco es que preocupe tanto. Tampoco es que no preocupe tanto. Allí está. Esta cosa tiene vida propia.

Después de tantas funciones de “La Fiesta”, ¿cómo hacen para disfrutarla?

Dinora: Disfrutándola.

Óscar: Es una obra que nos trae tantas cosas, nos divierte un montón. 

Dinora: Son los personajes los que nos llevan. Son personajes divertidos, pero muy oscuros, muy malos. Pero son auténticos. Nos enamoran y no nos han dejado de enamorar porque son bien matizados. Son tan humanos que ni siquiera se dan cuenta cuando son tan manipuladores, tan malos. Entonces se parecen a nuestros amigos, nuestra familia, a nosotros mismos.


¿Cuál ha sido la función que más disfrutaron desde que son La Bocha?

Dinora: La de hoy. Siempre es la función de hoy.

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