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Interpretación de la obra «Rosa Mexicano» por la estudiante Karla Vanessa López Martínez

Teatro Luis Poma - jueves, julio 11, 2019

El pasado 5 de julio en el Teatro Luis Poma se realizó una presentación estudiantil dirigida al Instituto Nacional de San Vicente (INSAVI) y Colegio Interamericano Licenciada Carmen Durán”. Al final de la obra se llevó a cabo un conversatorio en el que los estudiantes pudieron exponer sus dudas y comentarios con los actores y director de la obra. La estudiante de 16 años Karla Vanessa López Martínez del INSAVI planteó comentarios muy asertivos, por lo que se le invitó a escribir su interpretación de la obra. 


Por Karla Vanessa López Martínez/ Fotografías René Figueroa

La trama central nos envuelve en un escenario que plantea las características alarmantes que pueden llegar a presentarse en las relaciones interpersonales, la idealización desmedida, el reconocimiento de arquetipos mentales, analogías, la doble moral de las figuras públicas, la violencia, la religión y demás variables que están presentes en nuestra sociedad actualmente envolviendo la mayoría de cogniciones, son temas que se tratan, y se desarrollan en la obra de una forma bastante particular.

Desde un primer instante nos muestran en un ambiente muy onírico y subjetivo, a Flor, una jovencita soñadora y llena de júbilo que todos los días iba a fuera del estudio donde se producía su telenovela favorita “También es mi primera vez” y se paraba sosteniendo una pancarta, porque ahí dentro estaba Luis Vivanco, un actor de renombre muy agraciado por el que Flor suspiraba y había elevado muchísimo mentalmente. Vale, pues al inicio de la obra ella se despierta en medio del bosque sintiendo frío, y con muchas ganas de regresar a casa.

En eso se encuentra un teporingo, y ella le pregunta cómo podría retornar a su hogar, a lo que él le responde que no le dirá, y luego ella lo terminó siguiendo, hecho que culminó dejando más perdida a nuestra querida Flor.

Ya despierta, en esa realidad objetiva en la que se desarrollaron parte de los hechos, nos muestran al manager de Luis Vivanco, Cheyo (o para Flor, Cheyito), con insinuaciones malpechosas al igual que el teporingo, diciéndole a la joven que Luis Vivanco quiere conocerla, a lo que ella expresa que no está preparada, pues quería arreglarse.

El retorno a ese hogar mencionado anteriormente, representa el lugar que Flor considera que sería el más soñado como fan, y el arquetipo de relación que ella deseaba con Vivanco; el teporingo, es la representación del manager Cheyito, que es el mediador que permite “acercar” a su “hogar” a Flor, mientras que una parte de ella se desconcierta y se refiere a sí misma como más perdida que antes. En ese caso, es cuando Cheyo le hace la invitación para conocer a Vivanco, y ella le dice que no estaba preparada para conocer a su ídolo. Al final accede, Luis le invita a su su fiesta de cumpleaños. Una parte de ella estaba feliz, mientras su inconsciencia guardaba ciertos presentimientos. El comienzo de una travesía dura que ella no se esperaba venir.


El deseo de Flor junto a su idolatría por  actor es lo que  mueve la historia, pues ella empezó con el sueño de conocerle, sin pensar que todo derivaría en una oscura aventura con criaturas fantásticas, un teporingo, un hada, dos zorros, un hombre con mascara de oso, un bosque y el desdoblamiento de consciencia que nos relata el acontecer hasta los últimos suspiros y señales de vida.

Podemos de referencia la relación que Flor llevaba con su madre y su hermana, pues se aprecia fuertemente la carente capacidad de empatía, la necedad, la rigidez de ideas y la negación visual ante ciertas circunstancias y la acción de las personas, e irónicamente, la falta de comunicación que había entre ellas se hace notar, y el poco entendimiento disponible desde el punto de vista de la maternidad. Esa maternidad que también representa, a (Flor) la lucha social y soñadora del progreso, muchas veces enaltecida con características ideales que más de alguna vez van más allá de las capacidades de acción materializables; y la representación de la visión de las figuras de poder (Madre), distorsionada en su pensar (por sus problemas de alcoholismo, y en la analogía por ansias de poder y corrupción) de las autoridades máximas y su poco sentido de culpa,  y su acción de ver las necesidades o peticiones del pueblo como idealismo iluso, como resultado de su propia mala gestión.  En el rol de madre e hija se encuentra el conflicto en que ambas partes no logran ceder ni llegar a entenderse por la renuencia de aceptación ante ideas contrarias y sus propias necesidades por circunstancias, dando así, que ni siquiera se pudiese haber tenido la oportunidad de un desenlace proactivo que llegara a un acuerdo en que ambas partes equilibraran sus ideas y sus ideologías.

La hermana de Flor, representa la tendencia corrupta de los sistemas gubernamentales ante los procedimientos no tan lícitos realizados dentro de ellos por cuestiones de su propia “practicidad” y conveniencia, dejando de lado hacer las cosas de una forma adecuada y legal. Es por ello, la alianza con su madre al saber de cierta tragedia.

 Si enfocamos la variable de la maternidad desde un aspecto más emotivo, esa falta de comunicación es importante y muy crucial en el desarrollo de la obra y en nuestra sociedad, pues desde la perspectiva de autoridad y buen trato, en éste caso la madre hacia sus hijas, si la orientación hubiese sido favorable y efectiva hacia ambas en sus vidas, tenían una probabilidad muy alta de que los acontecimientos pudieran haber sido diferentes y haber evitado el destino en tragedia.

El hada que Flor se encuentra en ese bosque de su inconsciencia representa a su madre, asegurándole de que el teporingo la había conducido falsamente a casa. Anteriormente en la realidad objetiva fuera del bosque, Flor tuvo un ajetreo verbal con su progenitora y su madre a pesar del poco tacto, expuso situaciones reales, que Flor prefirió omitir. Y algunas palabras escuchadas le llegaron, expresándose a través del hada lo que ella había captado. Pues también el hada le mencionó a la pareja de lobos, que estaban hambrientos, y que tuviera cuidado con ellos. Y primeramente, su madre se lo dijo, aunque con otras palabras.

En algunas partes de la obra, me recuerda a Marianela de Benito Pérez Galdós, pues en ella se observan saltos similares, en Marianela se observan escenas como si fuesen naturalmente en la trama de la historia, para luego mostrarnos de que solamente estaban en la psique de Marianela, y que eran sueños, para contrastarse con la realidad que ella vivía con Pablo.

En Rosa Mexicano, sucedió que había una parte en la que el sargento mencionaba que a Flor no se le había visto en las últimas dos semanas, a primera vista, se puede interpretar como cuando estás fuera de sí, se puede tomar metafóricamente que ella no se había visto en esas dos semanas por el éxtasis vivido en la fiesta, y que eso le había desestabilizado la personalidad.


A lo que luego se presenta nuevamente el bosque, y se muestra en escena a Flor representada como una muñeca en una silla, ella atada de brazos y expresando su agonía, su desaparición había sido literal.

Dos zorros se mostraron frente a ella, el zorro masculino representaba a Cheyo, y el zorro femenino representaba a esa parte ánima de Luis Vivanco; ahí se deja ver esa parte real de ellos, que cometieron la pesadilla hacia la joven Flor y expresaban sus verdaderas intenciones en el acto de devorarla. En la parte objetiva, es decir, fuera del bosque, ellos ya habían empezado poco a poco a deshojar a aquella joven y feliz linda muchacha con ojos maravillados y pensamientos voladores.

El señor con la máscara de oso se interpreta como el acto oscuro de la cristiana sepultura, y ese momento de baile de Flor con Luis Vivanco, representa la reconciliación de la joven con sus deseos y todo lo sucedido.

Vemos cómo el deseo y el sueño inocente de una joven le lleva a vivir una experiencia atroz que marca el alma por caer en desgracia en las manos de dos depredadores, toxicómanos, con ideas retorcidas, soluciones poco convencionales, uno de apariencia confiable y el otro de apariencia bonita.

Las ilusiones, las acciones, los deseos, la esperanza de fe, el sentimiento de culpa, las promesas, los impulsos y la negociación con una deidad dentro de la religión, sin duda, son panoramas que ahí se ven, suceden y dan hilos suficientes para profundizar en críticas muy interesantes.


En materia, la obra presenta característicamente un lenguaje poético mezclado ingeniosamente con el lenguaje coloquial en el cual la sociedad se ve reflejada y es capaz de alzar comisuras y reír ante escenarios de lo más cuestionables. La normalización de la violencia como razón, la presión mediática y el precio de la negociación de una vida humana con respecto a mantener la posición, el estatus y la crítica social favorable ante una figura pública de alto poder, la romantización de los fenómenos, casos o problemas sociales por parte de las televisoras o los medios de comunicación y su divulgación representada artísticamente por morbo, son circunstancias que por desgracia, suceden con más frecuencia de lo que se piensa. La historia de Flor es un espejo donde se pueden englobar distintos casos de admiradores alrededor del mundo y de distinta repercusión. Hay muchas y muchos jóvenes inocentes con el sueño de conocer a esa persona que por alguna razón u otra admiran y toman como referencia para entender el mundo y dirigirse en la vida, y es muy crudo de ver y aceptar, pero desenlaces como los de Flor se llegan a presentar.

Rosa Mexicano, es una obra de alto nivel, que requiere una buena capacidad actoral y plasticidad teatral para poder lograr desenvolverse y trasmitir el mensaje lo mejor posible desde la permutación de intérpretes en los personajes. Sin duda, un trabajo de digno respeto hacia el dramaturgo Luis Ayhllón y hacia el director de ésta gran obra, Roberto Salomón. Gracias por dirigir tal magnifico y gran proyecto. Felicitaciones y agradecimiento a todas las personas involucradas para llegar a producir y desarrollar ésta bella pincelada de arte. Como su título lo dice, el Rosa Mexicano es un color lleno de júbilo, es la analogía hacia la viveza, la energía y la emotividad de Flor, asimismo, por el impacto incandescente que ésta representación provoca en el espectador. 

Sin duda, una experiencia enriquecedora en todos los matices. Tanto el trasfondo físico, psicológico; la escenografía, ambientación, dirección, acompañamiento sonoro, intérpretes y efectos especiales, hacen la representación de Rosa Mexicano única, de grandiosa calidad y un maravilloso y excelente deleite al intelecto.

Lo expresado en el texto anterior es la interpretación de la obra Rosa Mexicano por Karla Vanessa López Martínez estudiante del INSAV. 

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