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Conversación con Magdalena Morales, Antonio Rojas y Mauricio Esquivel, elenco de la obra La construcción del muro

Teatro Luis Poma - jueves, marzo 14, 2019

En esta entrevista, Magdalena, Antonio y Mauricio nos hablan un poco de la experiencia que han vivido al ser parte de esta obra que genera un fuerte debate que pone en escena el tema migración y la política de por medio.


Por Hazel Herrera/ Fotografías cortesía de Teatro Espressivo

Es la primera traducción al español de La construcción del muro ¿Qué implicó eso para el trabajo actoral, ¿hubo un proceso?, ¿cómo fue?

Antonio: Sí, al trabajarla con Natalia Mariño (directora de la obra) nos dimos cuenta que había cosas que modificar para acoplarlas dentro de la escena porque el mismo proceso nos fue llevando a eso. Esta obra está llena de datos muy precisos. El autor tiene un conocimiento de la política de su país impresionante. Nos dimos cuenta que había mucha información que en Estados Unidos resuena porque son temas políticos, pero que aquí no, por ello en conjunto decidimos quitar información que no iba a aportarnos.

Magdalena: Sí, pasamos por varios filtros. Comprendimos que había traducciones, que son más transcripciones e interpretaciones literarias, pero el teatro necesita una interpretación desde el ojo de los actores y a partir de la vida. Había palabras como excretas humanas, pero yo, dentro de mi personaje le diría mierda

Mauricio: Más allá del proceso de traducción, el director de Teatro Espressivo le pidió a Robert Shenkkan que reescribiera el papel de Gloria que originalmente es una mujer afrodescendiente, a una mujer latina. Como equipo sentimos que ese cambio le aporta mucha fuerza al personaje y a la obra en general porque el tema es mucho más personal para el personaje si ella es latina.


¿Cómo fue el proceso desde la perspectiva de intérpretes para montar y producir La construcción del muro?

 Mauricio: Intenso… A nivel de ensayos fue mucho de la interacción entre ellos dos.  Luego entre nosotros tres.  Acostumbrarse a estar en escena, pero también responder a que hay una cámara presente y sentir la presencia uno del otro y manejarse dentro del escenario con esa conciencia y hacerlo con naturalidad e integrarlo dentro de la propuesta. Fueron dos meses de ensayo intensos, de 9 de la mañana a 5 de la tarde.

¿Cómo vivieron este proceso actoral, desde los ensayos hasta el día de la presentación?

Antonio: A mí me sucedía algo. Dentro de la obra yo hago del bicho raro, el malo como dicen, pero para poder interpretarlo, yo Antonio, tuve que querer al personaje, no a justificarlo, sino a interpretarlo con su dureza. Interpretarlo me dolió mucho. Por ejemplo, al escuchar las grabaciones de los niños, era imposible no llorar.  No tengo hijos, pero escuchar eso es desgarrador.  A veces, tenía ganas de agarrar la silla y salir corriendo. En las primeras presentaciones al terminar quedaba desecho, era salir e ir a agruparse con el resto del equipo porque nos dolía. Ahora al terminar la obra ya puedo salir y saludar.  Como interprete creo que lo más importante es que he aprendido a separar, porque tocamos fibras y cosas muy delicadas. He aprendido a encaminarlo como algo que voy a dar.  Soy un puente que ayuda a llevar una cosa de un lado a otro, pero solo eso, porque de otra forma viene la catarsis.

Magdalena: Fue complicado. Yo no había hecho teatro cinematográfico y esto radica en que cada acción que se hace en la escena está como milimetrado. Aquí la cámara es un personaje, es el ojo externo. Cuando hacíamos un movimiento dentro de escena había que cuidar el no salirse del ángulo de la cámara yo me decía a mí misma: no te movás”. Fue complejo, pero se logró.

Mauricio: En mi caso era ver que estaban haciendo ellos y dependiendo de cómo yo me posicionaba podía narrar con imágenes de cierta forma. Con la directora decíamos: si vemos esta acción desde aquí tal vez podemos transmitir tal emoción.

¿Cómo ha sido recibida por el público?

Mauricio: Se ha sentido diferente la percepción del público de Costa Rica al público salvadoreño. El público que hemos tenido aquí antes del estreno,  han sido niños de escuela, de 12 a 15 años y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Han sido personas que ya vienen con un peso emocional al respecto. La función con los niños fue muy impactante para todos nosotros porque en el público se encontraba un niño que había migrado, que había ido en las caravanas y contarlo con madurez impresionante diciendo: Si es que yo tuve la experiencia de migrar, no me fue bien y volví. Eso es muy distante a cualquier función hayamos podido tener en Costa Rica.

Magdalena: Te lo voy a plantear como guatemalteca. Cuando llego a Costa Rica fue un 2 de septiembre y dos semanas antes pasó lo del Parque de la Merced,  donde llegaron costarricenses a golpear a nicaragüenses en ese parque. Después, imagínate ver la obra de teatro, siento que el público tico se ha cuestionado esos discursos de odio, el cómo nos estamos relacionando con los hermanos nicaragüenses y se han preguntado: ¿qué va a pasar?
Mientras aquí el tema no es: ¡Uy!, que racista somos, o cuestionar esos discursos, aquí lo que toca es la migración porque es su realidad. No solo la migración, sino las caravanas. Ya venía con la idea que íbamos a encontrarnos con público sensible, pero jamás me imaginé que me encontraría un chico de 15 años que se había ido en esas caravanas.

Antonio:  Algo que a mí me ha llamado la atención es que en Costa Rica terminábamos la obra y la gente no aplaudía. Luego al irnos a camerinos Magdalena dijo: Qué raro, parece que la gente está asistiendo a un velorio. Lo que yo percibí es que algo les sucedió, ya para nosotros es una maravilla, porque nosotros lo único que podemos hacer desde las tablas es visibilizar el problema, el qué o cómo lo va a digerir  el público ya es otra cosa, pero ese silencio dice mucho.


¿Qué significa para ustedes trabajar con esta obra y hablar sobre esta problemática?

Antonio: Te voy a ser sincero, cuando me presentaron el tema de la obra yo no pensaba en migración. Yo pensé: ¡qué personaje! Porque a mí me presentaron un personaje sentenciado a muerte. Esto lo encontré como un reto actoral impresionante. Además, me ofrecieron viajar con el proyecto con un  elenco de lujo. Empezamos ya a trabajar y esto se volvió otra cosa. También tuve la dicha de conectar súper bien con Magadalena, no solo nos veíamos en los ensayos, sino que al salir compartíamos. Ensayábamos los textos, hablábamos de la vida y todo, pero el tema migratorio me vino por Magdalena, ella empezó a investigar y como yo estaba a la par de ella también absorbía. A partir de ahí empecé a ver las realidades y lo que implica la migración. Entonces, ya no fue solo viajar, sino poder visibilizarlo. Con esto te digo que empecé como algo y hoy estoy en el momento en el que el tema me atrapo, la obra no,  porque ya vuela, pero a Antonio el tema lo atrapó.

 Magdalena: Yo soy artista y trabajar en un país en donde hay tanta represión te provoca trabajar en pro de la libertad. Poco a poco  te das cuenta que no hay libertad de creación para hablar de lo que uno quisiera. A mí me gustaría estar creando otras cosas, pero hay que hablar de estos temas porque socialmente es urgente. Entonces ¿qué ha significado para mí estar en esta obraes tener la posibilidad de gritarle al mundo o al público. Es decir que tenemos  una necesidad urgente de espacios para poder crear. Si nosotros no nos unimos como artistas a estas luchas sociales y políticas es que nunca lo vamos a lograr nunca. Porque no es posible que estén criminalizando la migración.

Mauricio: Me uno a lo que ellos dicen. Trabajar en una obra ha sido algo que ha ido acompañado de mucho agradecimiento por la confianza que han puesto en mí. Yo no pertenezco al mundo del teatro, pero me han dejado acercarme, más allá de todo eso, ha agudizado mi empatía y mi interés en ese tema y creo que ese es uno de los grandes privilegios que tiene uno como artista es adentrarse en mundos y profundizar en ellos para tratar de difundir la humanidad y cultivarla en el mundo.


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